
Como gerente sé que cuando te enfrentas a una reforma de este nivel lo que menos quieres son líos de última hora.
En la foto puedes ver el frontal de un ascensor en el que trabajamos hace poco.
A simple vista parece metal lacado pero lo que de verdad ves es el resultado de no haber fallado en ninguna fase del proceso.
Cuando un cliente nos confía un proyecto así no nos pide que le explique cómo funciona mi maquinaria.
Lo que pide es que los paneles encajen a la primera y que el color sea exactamente el que eligió el arquitecto.
Después de 50 años en este sector he aprendido que mi trabajo es quitarle problemas de encima a la persona que nos subcontrata.
Sé que si te entregamos las piezas tarde o con un rasguño estoy rompiendo el calendario de toda la obra. Por eso me aseguro personalmente de que todo salga de fábrica impecable.
Al final lo que importa es que cuando el cliente final entre por esa puerta vea calidad en lugar de juntas mal hechas o chapas dobladas.
Mi prioridad es que tú puedas dedicarte a gestionar tu empresa mientras nosotros nos encargamos de que el metal sea la parte fácil de tu proyecto.
En Sanla cumplimos nuestra palabra.



