
Mirando hoy el taller a pleno rendimiento me doy cuenta de que la tecnología más cara no sirve de nada si no tienes a las personas adecuadas para hacerla funcionar.
En estas cinco décadas he visto pasar muchas máquinas pero lo que realmente ha hecho que esta empresa siga en pie y creciendo es el compromiso de quienes se ponen el mono de trabajo cada mañana.
Ser CEO no es mandar es saber que tu equipo confía en ti tanto como tú confías en ellos cuando un cliente nos entrega un proyecto imposible.
He pasado por momentos buenos y malos, por disgustos y noches sin dormir, pero la satisfacción de ver a un oficial veterano enseñando a un aprendiz o a un ingeniero resolviendo un reto complejo en una chapa de 6 metros es lo que me hace seguir invirtiendo cada euro en esta casa.
La verdadera calidad no sale de una máquina sale del orgullo de pertenecer a un equipo que no sabe decir no a un desafío.
A otros gerentes y responsables que me leéis por aquí: ¿cuál ha sido vuestra lección más valiosa gestionando equipos en tiempos difíciles?



