
Muchas veces el plegado se entiende como una fase más dentro del proceso.
En la práctica, es uno de los puntos donde más errores se pueden generar… o donde más valor se puede aportar.
Un mal plegado no solo afecta a la pieza en sí. Afecta al montaje, a los tiempos, a los ajustes en obra y, en muchos casos, al resultado final del proyecto completo.
Por eso, desde dirección, siempre hemos tenido claro que aquí no se puede improvisar. Invertir en maquinaria adecuada, formar a las personas que la utilizan y trabajar con criterios claros desde oficina técnica no es un gasto, es una decisión estratégica.
Cuando el plegado está bien resuelto, todo lo demás fluye.
Cuando no lo está, todo se complica.
Y esa diferencia es la que muchas veces no se ve… hasta que aparece el problema.



